Fuego de tierra

Fuego de Tierra es un ritual contemporáneo de raíz ancestral inspirado en las celebraciones invernales del fuego. Es simbólico, estacional y vinculado al territorio.

El ritual trabaja con tres elementos fundamentales —fuego, tierra y materia viva— para marcar un tiempo de pausa, protección y espera. Se realiza en invierno, con el año empezado, idealmente la primera quincena de enero cuando la tierra descansa, y se cierra en primavera, cuando todo vuelve a moverse.

La piedra, la rama, el fuego y las cenizas no representan ideas abstractas, sino relaciones: entre tu, tu casa y tu entorno, entre el tiempo humano y el tiempo natural, entre lo que se guarda y lo que se devuelve.

Nada se fuerza.

Nada se quema innecesariamente.

Todo vuelve a la tierra.

1. Recolección consciente

Recoge una piedra y una rama de la naturaleza, de tu entorno cercano.

  • La piedra representa lo permanente, lo que permanece cuando todo cambia.

  • La rama representa lo vivo, lo frágil, lo que ha crecido y se ha separado.

Añade a estos elementos un aceite esencial que represente la naturaleza de tu entorno (pino, naranjo, romero, tomillo, menta,... el que más te resuene)

Estos elementos establecen un vínculo directo con el lugar donde se realiza el ritual.

2. Preparación del fuego

Enciende un fuego contenido y estable (hogar, brasero o recipiente seguro). No se busca una gran llama, sino calor constante.

  • El fuego no destruye: transforma.

  • Es el punto intermedio entre lo visible y lo invisible, entre lo que fue y lo que será.

3. La rama en el fuego

La rama se coloca en el fuego y se deja consumir lentamente hasta convertirse en ceniza.

  • La rama entrega su forma, no su esencia.

  • Lo que fue crecimiento se convierte en memoria fértil.

  • No es un sacrificio, es un retorno.

4. El gesto del paso

Pon la piedra junto al fugo. Pasa las manos por encima del fuego (sin tocarlo) y luego toca la piedra.

  • El calor limpia sin borrar.

  • La piedra recuerda sin retener.

  • Este gesto une cambio y permanencia en el propio cuerpo.

5. Las cenizas y el aceite

Cuando el fuego se apaga y las cenizas están frías, se recogen con cuidado y se ponen en un saquito de tela. Se añaden unas gotas de aceite esencial (el aceite no se quema).

  • Las cenizas son lo que queda cuando la forma desaparece.

  • El aceite devuelve aroma, vida y memoria a lo que parecía agotado.

  • Es un gesto de cuidado, no de consumo.

6. La guarda en el umbral

La piedra y las cenizas aromatizadas se colocan juntas en el umbral de la casa y permanecen allí hasta la primavera.

  • El umbral es frontera: ni dentro ni fuera.

  • La piedra protege.

  • Las cenizas acompañan el paso del invierno.

  • La casa no se cierra al mundo: dialoga con él.

7. La devolución en primavera

Con la llegada de la primavera, la piedra y las cenizas se devuelven a la naturaleza: a la tierra, a un árbol, al mismo lugar de donde provinieron.

  • Nada se posee definitivamente.

  • Lo guardado se devuelve cuando la tierra vuelve a respirar.

  • El ciclo queda completo.

     

    (En la imagen, la piedra, mi saquito de cenizas y el AE elegido: murta -Myrtle-)
Modificado por última vez en Martes, 13 Enero 2026 14:09
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